Crónica Carrera Popular Jaraíz de la Vera. Sólo cabe mejorar.

 Este año he podido retomar esa tradición veraniega de participar en alguna de las pruebas del Circuito de Carreras Populares de la Vera. Tras correr otros años en Losar, Tejeda de Tiétar, Aldeanueva y Jaraíz, en este 2021 repetíamos en la Carrera Popular de Jaraíz de la Vera.



Tenía la referencia de aquella última carrera en esta localidad en la que fui de más a menos y no acabe contento. Ahora, conociendo ya el circuito, mi pretensión no era otra que mejorar aquel tiempo de 17:07, pero no había contemplado el parámetro de que por entonces tenía mucha mejor condición física que actualmente.

En la zona de salida vuelve de hacer de anfitrión mi gran amigo Alan,  que me presenta a muchos de sus compañeros y me ayuda a sentirme como en casa. Hacemos una vuelta de reconocimiento al circuito al que habría que dar tres vueltas para completar un total de 4,5 kms de subidas y bajadas pronunciadas. Mientras me va comentando que ha subido notablemente el nivel de los participantes y que viene bastante gente de fuera de Extremadura. Tras las carreras infantiles tomamos la salida.



Aunque ya tenía clara mi estrategia, la salida me la confirma. En una carrera tan corta no cabía otra opción que la salida fuera superexplosiva, así que muy pronto pierdo de vista la delantera de la carrera entre una ratonera de calles, y me reafirmo en dosificar las fuerzas y llegar a la tercera vuelta con energía en las piernas.

Poca historia más durante la carrera que el placer de volver a comprobar la dureza de las carreras de esta zona, en las que encadenas bajadas a muerte con subidas que te rompen el ritmo. En esta ocasión aproveché las bajadas para recuperar y poder emplearme más en las subidas. 



Aún así conseguí ganar algunas posiciones que, a la postre, me ayudarían a encontrarme, para mi sorpresa, con un 2º puesto de mi categoría y poder acceder a pódium, después de más de año y medio de mi último cajón en la Vuelta al Baluarte de 2020, en Badajoz.

Mi tiempo final fue de 17:23, por lo que el reto de mejorar mi última participación aquí quedo lejos de superar. Si en aquella ocasión la lectura fue que había trabajo por delante, este año solo cabe mejorar, porque después de un junio en el que apenas entrené uno o dos días por semana mi estado de forma está en momentos bajos. 



Participar en carreras, a pesar de no estar bien físicamente, me da ese toque en el orgullo que me motiva a entrenar y esforzarme por llegar a una mejor versión de mí.

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Crónica Media Maratón San Isidro: Hemos vuelto pero no nos habíamos ido

     El día de hoy lo recordaré durante mucho tiempo con especial cariño como la primera competición post-pandemia. Tenía la seguridad de que iba disfrutar de cada detalle, como así ha sido, pero sí que había muchas dudas respecto al rendimiento competitivo después de 13 meses sin participar en una prueba. Y la incógnita se despejó consiguiendo estar en la "zona caliente" de la carrera, más o menos al mismo nivel de cuando lo dejamos, de ahí el título del post "... pero no nos habíamos ido".


      Este año la carrera se ha sacado a las afueras de Puebla de la Calzada como indicaba el protocolo. El nuevo recorrido consta de dos vueltas y prácticamente la totalidad por caminos, sumando 20,8 kms. La salida y meta en el amplio recinto del merendero de la localidad, el cual permitía que la gente se repartiera bien evitando aglomeración. Particularmente me gusta más este nuevo formato de carrera.

       La mañana estaba nublada con seria predicción de lluvia, el viento a la hora de la salida ya era una realidad. A favor teníamos una temperatura agradable que poco tenia que ver con el calor de otros años en esta carrera. Así, tras un calentamiento de 3 kms nos preparamos para la salida.

       Primero salen los corredores de la prueba de 10 kms y 5 minutos después los de la media maratón. Salida única, todos a la misma vez, pero colocados en líneas de cuatro personas, con mascarilla y guardando distancia de seguridad. Segundos antes aviso de ¡mascarillas fuera! y empezamos a correr.



      En los primeros metros me peleo con el reloj, el cual no consigo poner en funcionamiento, hasta que lo hago pasados unos 500 metros. No me preocupa mucho pues mi estrategia es correr no por ritmo, sino por sensaciones. Hay una serie de corredores que toman las primeras posiciones y pronto desaparecen, y no consigo controlar cuántos ni sus edades y, por detrás, pongo el empeño en mantenerme con dos atletas conocidos que son buena referencia de carrera.

        A los dos kms llegan a nosotros más corredores, quedándose un grupo de 7 u 8. El ritmo es bueno, sobre 3:50, y nos vamos dando relevos espontáneos, pero esto llevaba a que se produjeran aceleraciones y no siempre fuera un ritmo constante. Me voy manteniendo hasta que al final de la primera vuelta, a la altura del km 9 me veo descolgado de este grupo unos metros. No corro cómodo y queda mucho por lo que prefiero no obsesionarme con "seguir una rueda". 



       Comienza la segunda vuelta e intuyo que voy a hacer lo que queda de carrera sólo y me pongo un nivel de intensidad constante, alto pero contenido y que no sacrifique mi carrera. Al poco veo que progresivamente me estoy acercando otra vez al grupo y me propongo que si los alcanzo no voy a bajar la intensidad pues me siento cómodo.

        Y así, al poco de llegar hasta ellos, sin que fuera mi intención, me veo delante y marcando yo el ritmo. Me surge la duda de si relajar un poco y aprovechar las ventajas de ir en grupo o continuar a una intensidad en la que veía factible finalizar la carrera, pero decido abstraerme del mundo e imaginar que estoy corriendo sólo, sin pensar en si me siguen, si me aguantan, si me van a adelantar...

         Vamos por el km 13 o 14 y voy ganando en confianza a raíz de las buenas sensaciones. Me siento con fuerza. Con esto, cada vez se escuchan menos zancadas detrás, menos respiraciones, lo que supone que cada vez hay menos corredores. En una de las curvas echo un vistazo y sólo hay dos corredores que me acompañan. Hablamos de que no es necesario que nos vigilemos pues somos de categorías distintas, pero me encuentro cómodo con pista por delante y sigo marcando yo el ritmo pues me está dando buen resultado.

        Quedan unos 3 kms y ya sólo quedamos dos, pero por delante fijo mi atención en un atleta que va a unos 150 metros, así que incremento más la intensidad para intentar acercarme lo más posible. A parte de no tener éxito esto me lleva a sufrir bastante más que de aquí para atrás, pero también correr unos segundos más rápido.

        Finalmente entro en meta con un tiempo de 1:19:00, siendo 6º de la clasificación general y 4º de mi categoría Master B. La verdad que muy satisfecho por como ha transcurrido la carrera y por haber sabido competir y dosificar fuerzas con cabeza fría en los momentos que fueron necesario.

          A la espera de que siga normalizándose la situación y vayan saliendo más carreras, los entrenamientos que estoy haciendo actualmente demuestran que es el camino correcto. Se ha disfrutado a tope con cada detalle y nos vamos a casa con una sonrisa en la cara.


 

          

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Regreso a la competición este domingo en Puebla de la Calzada

      Larga ha sido la penumbra competitiva desde la última prueba que corrí en Sevilla en febrero  de 2020.  Sin parar nunca de entrenar, unas veces con más intensidad y otras con menos, pero siempre con las "armas" preparadas porque el día del regreso podía ser en cualquier momento y no quería que me pillara de cualquier forma. Aún me parece mentira pronunciarlo pero por fin regreso a la competición este domingo.



     Y ya que lo volvemos no lo vamos a hacer de cualquier manera. Será una media maratón, cuando está empezando a azotar bien los niveles de alergia y con unas temperaturas que se prevén elevadas. Pero como dice el refrán, sarna con gusto no pica, y será un verdadero placer estar presente en esta carrera en Puebla de la Calzada.

    Como no podía ser de otra forma, el principal objetivo será volver a sentir esa sensación casi olvidada de todo lo que conlleva una carrera: la tensión los días previos, la planificación de la semana para llegar a punto, el nerviosismo de la línea de salida, el ambiente, la dosificación de fuerzas durante la carrera y volver a ver a amigos y amigas que hace tiempo no veo. Sabiendo que no será casi nada igual que cuando lo dejamos, pero impaciente estoy de que llegue el día.



      Deportivamente me encuentro preparado para afrontar 21 kms con intensidad. Esta carrera servirá para saber realmente cómo estoy físicamente y también, como carrera que es, cómo estoy respecto del resto de compañeros. Porque uno ve los entrenos de los demás y aquí todo el mundo va como una moto y siento como si todos hubieran progresado menos yo, pero la competición es otra historia y particularmente se me da mejor que entrenar.

     ¡Endorfinas a raudales, que vuelve la competición!

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Experimentando con el "no descanso"

     Transcurría la primera semana del año e iba encadenando un día de entreno tras otro y, como excepción, decidí completar la semana haciendo un pleno al 7, sin ningún día de descanso. A esta semana se sumaban los últimos dos días del año, por lo que habían transcurrido 9 días consecutivos de entrenamiento. Siendo algo inusual en mí, decido continuar la racha a modo de ensayo, que consistiría en salir a entrenar a diario corriendo o en bicicleta, experimentando con el "no descanso".

Hasta el día 29 entrenando todos los días de enero menos uno


    Vaya por delante que yo soy defensor a ultranza de, al menos, un día de descanso semanal en el que el cuerpo asimile los entrenamientos anteriores y recupere fuerzas para poder así rendir cada vez mejor. Pero sin competiciones a la vista, ni si quiera a medio plazo, y siempre en busca de algún reto que me aporte algún aliciente para entrenar, veía factible probar este método y comprobar que consecuencias positivas o negativas conllevaría.

     Durante casi este mes no he echado en falta ese día de descanso, si bien en algún rodaje rápido o algún entrenamiento de series he notado que corría un tanto más lento de lo habitual. Por lo demás no notaba cansancio e iba alternando, como siempre, rodajes suaves, entrenos rápidos, tiradas largas y algún día de bicicleta.

       Viendo que todo iba bien y que, aun perdiendo un día de chispa, estaba consiguiendo a diario ese plus que te aporta el deporte de airear las ideas y despejar la mente, no me planteaba parar y veía un reto atractivo continuar un día sí y otro también mientras no hubiera competiciones. Pero esta última semana, de forma progresiva, las llamadas de mi cuerpo me han ido alertando de que había que poner fin al experimento si quería seguir disfrutando del deporte.

      Tras un traspiés en bicicleta el pasado fin de semana con consecuencias en el abductor, esta semana me la planteé de rodajes suaves, pero aún así no conseguía ir más allá de un ritmo excesivamente trotón y finalmente el viernes, saliendo a correr con mi perro Zuma, reventé definitivamente y aunque corría a 5:30 me costó Dios y ayuda llegar a casa, mientras Zuma corría como una gacela mirando extrañado para atrás porque no conseguía seguirle.

       Han sido 30 días entrenados sobre 31 totales, únicamente con un día sin actividad debido a que me fue imposible salir. Como experimento está bien, ya sé lo que se siente, pero para disfrutar a tope de correr, al menos para mí, es imprescindible el descanso.

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Repasando lo que ha sido deportivamente mi 2020

      Es final de año y sacamos un momento para mirar atrás y hacer, un año más, un repaso en lo que a lo deportivo se refiere. Sin embargo, este atípico 2020 va a facilitar mucho la síntesis de lo que ha pasado durante el mismo, ya que apenas hubo dos meses de competiciones.


       El año pintaba bien según se lee de las cuatro ocasiones en que pude competir, pero a finales de marzo se echó el cierre a todo y en el mejor momento deportivo hubo que quedarse en casa. A partir de ahí, como os contaba en mi última entrada en este blog, empezamos a correr por devoción.

        No se empezó nada mal haciendo un "casi 10mil" a ritmo de 3:37 en Pueblo Nuevo del Guadiana que dejó unas buenas sensaciones a pesar del cansancio de los kms de la semana. 

       El buen momento se confirmó en la Vuelta al Baluarte, en donde igualé mi mejor tiempo de 2015, con 24:32, y conseguí subir al pódium por primera vez en esta prueba.

       A primeros de febrero competí en la Media Maratón de Plasencia. Aquel día había piernas para haber conseguido mucho más de lo que hice, pero me "emocioné" más de la cuenta y terminé pagándolo en el último tramo de la carrera. Aún así, terminé el 10º clasificado, 1 horas y 18 minutos.


         Y a finales de febrero llegó el plato fuerte, la Maratón de Sevilla. Parece causa de la providencia que le hubiera cogido grima a esta carrera en el pasado y precisamente este año decidiera participar, días antes de que nos confinaran en casa. El COVID ya estaba entre nosotros y no lo sabíamos pero aún nos dio tiempo a correr por la capital hispalense. Por esta razón y, porque finalmente conseguí mi mejor marca en maratón (2:48:32), es una de las carreras en que más me alegro haber participado.

          De este año también recordaremos las agujetas que todos tuvimos cuando retomamos después del confinamiento, las innumerables carreras virtuales y, para mí queda también el día que hice el reto de 62 kms corriendo con Ricci y con Ángel Palo acompañándonos en bici.

          El año lo terminaré con 2700 kms corrido, que son poco más de 100 menos que el año anterior, contando con mes y medio parado. 

           Y con estas palabras damos por concluido el año, agradeciendo la fidelidad de quienes me leéis y deseando para todos lo mejor para este 2021 que está a punto de comenzar.

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Termina 2020, el año en que corrimos por devoción.

      Estamos a punto de finalizar este año 2020 y creo que todos estaremos de acuerdo en que el deseo de que así sea y con muchas esperanzas puestas en el 2021. Seguro que a título particular ha sido especial por algún motivo para muchas personas, pero en términos colectivos ha sido un verdadero desastre y vamos a arrastras sus consecuencias durante mucho tiempo.



       Si extrapolamos esta misma reflexión a nuestro ámbito deportivo, este año se ha llevado por delante las carreras populares, los entrenamientos multitudinarios, el correr libremente por cualquier lugar sin sentimiento de culpa o, lo que es lo mismo, se ha llevado nuestra esencia de runner. 

        Sin embargo, como siempre que se nos presenta un panorama negativo, a modo de supervivencia, tratamos de encontrar qué es lo positivo que nos aporta. Pero ¿qué tiene de positivo 2020 si no puedo competir, si no puedo quedar libremente con quien yo quiera, si me miran mal si corro sin mascarilla? Pues lo positivo es que, a pesar de todo esto, no hemos dejado de entrenar. Claramente me refiero al atletismo popular, en donde no hay carreras o, si las hay, poco se parece a lo que conocíamos.

         En el pasado, antes de que todo esto pasara, algunas veces me preguntaba si habría tanta gente corriendo por las calles y por los parques si no hubiese competiciones, si no hubiese esa motivación de terminar una media maratón, de llegar a meta lo antes posible, de ver a tu grupo en las carreras... Llegué incluso a escribir un artículo en este blog en el que dudaba de subsistir únicamente con la fuerza de voluntad. Pues a día de hoy, yo al menos no conozco a nadie que haya dejado de correr porque no haya carreras.

        Debemos quedarnos con el mérito que tiene seguir entrenando casi a diario siendo el objetivo disfrutar corriendo y a la vez cuidar nuestra salud física y mental, y no el llegar preparado a una competición. Y no estamos hablando de correr un ratito suave y ya, sino que hablamos de corredores y corredoras que hacen entrenamientos de calidad y tiradas largas hasta terminar exhaustos, como si dentro de dos semanas disputaran la carrera de su vida. Hace algunos meses escribía sobre qué nos impulsa a entrenar en tiempos de cuarentena.

       Quedémonos con ese dato de 2020: El año que tuvimos la fuerza  voluntad de seguir entrenando a pesar de todo, el año que corrimos por verdadera devoción.

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Cómo corrí una tirada de 62 kms

     Hoy os voy a contar una aventura que tuvo lugar el pasado 22 de noviembre en la que hice la tirada de kilómetros más larga de mi vida: 62 kilómetros. Ese día se rompieron muchos esquemas sobre la preparación para larga distancia y, una vez más, me demostré que, en ocasiones, las limitaciones están en nuestra mente. Os paso a contar cómo corrí una tirada de 62 kms. 

Con Ricci y Ángel en el km 60. Foto: Nando Vivas

     Todo surgió con un reto personal que se marcó mi amigo/"primo 2º" (de cuando tienes un amigo pero por parte de las parientas eres además familia) Manolo Ricci, y yo me ofrecí a acompañarle en su locura. En principio iban a ser más de 70 kms, pero posteriormente bajamos nuestras pretensiones porque podría resultar algo inasumible y nos arriesgábamos a no completar el recorrido. Hay que decir que ni él ni yo habíamos hecho una distancia más larga que una maratón, aún así tenía más de dos meses y medio por delante para prepararnos.

      Para la preparación Ricci sí había hecho semanas de bastante carga de kilómetros para lo que estamos acostumbrados, pero por mi parte me fui confiando y la preparación se basó en semanas de 50 o 60 kms incluyendo una tirada larga semanal de entre 20 o 30 kms. También mi obligué a hacer bicicleta un día a la semana.

        Llegado el día, empezamos a correr a las 6:30 hora sin presión de ritmo o tiempo pero con una consigna clara: correr a un ritmo asequible y tranquilo pero sin que fuera tan lento que nos supusiera estar más horas de las necesarias corriendo, porque igual podríamos sufrir corriendo más rápido de la cuenta que si nos pasamos de tiempo haciendo ejercicio. Salimos del Parque del Guadiana dirección a Elvas, hasta el acueducto, para regresar al lugar de partida y de ahí ir hasta Valdebotoa y regresar por otro camino distinto. 

        Empezamos de noche y nos acompaña Angel Palo con su bicicleta y con una mochila extra XXL que nos sirve para aligerarnos de carga a los que vamos corriendo. La primera parada de avituallamiento está prevista en el acueducto, a los 18 kms. 

Momento de partida. Foto: Ángel Palo.

        El trayecto hacia Elvas es muy bonito cuando salimos a la carretera. Es de noche y está despejado, se pueden apreciar claramente las estrellas y la localidad portuguesa iluminada al fondo. Le pedimos a Angel que apague la luz de la bicicleta pues las líneas de la carretera se distinguen con facilidad en la oscuridad. Vamos muy frescos y charlando, corriendo muy cómodos, con 5:10 minutos por km como velocidad de crucero. El día es ideal, no hace mucho frío y nada de viento.

        Hemos llegado al acueducto una hora y media después de la salida, previa subida del "Pagapouco", casi sin enterarnos. El cielo anuncia que el Sol está a punto de salir. Hacemos una parada de alrededor de 10 minutos en la que tomamos alguna barrita energética, frutos secos y nos hidratamos, aunque ya habíamos bebido algo mientras corríamos. Chequeo de estado, ¿todo bien?, pues continuamos.

Llegada al acueducto de Elvas. Foto: Ángel Palo.

       Salimos de Elvas y cuando empezamos a bajar empieza a salir el Sol creando una bonita estampa que recoge muy bien con su cámara Angel. Las piernas ya se han soltado del todo, la ligera pesadez inicial ya no existe y regresamos a Badajoz. Continuamos charlando, tenemos tiempo para hablar de todo y solucionar el mundo, y ahora la velocidad de crucero se establece automáticamente en alrededor de 4:50, la cual mantendríamos exactamente hasta el km 54. 

       Cuando estamos llegando a la frontera hacemos una breve parada técnica de unos segundos. Mientras corremos ingerimos líquidos y la vejiga tiene un límite de capacidad. En ese momento miro el reloj y llevamos ya 30 kms, lo cual comento con mis compañeros lo asombroso que es que con esa distancia en las piernas pareciera como si lleváramos poco. Como comentaba al principio se trata del poder que tiene la mente en estos casos.

      Si hubiésemos planeado hacer sólo 30 kms, en ese punto estaríamos ya cansados y deseando terminar, pero sabiendo que se trataba de la mitad del recorrido y que aún teníamos por delante la otra mitad, el cuerpo nos pedía volver a arrancar y devorar zancadas y más zancadas.


        La segunda parada de avituallamiento la hacemos en el punto desde el que partimos 3 horas y 5 minutos antes. Unos diez minutos son suficientes para comer (el cuerpo me pide frutos secos) y beber tranquilamente, aprovechando que ya era una hora decente para llamar a casa y decir que todo va bien y aventurando una hora prevista de llegada. Después de más de 36 kms no voy a decir que estamos como una "rosa" pero tenemos la sensación de que aún quedan muchos kms "fáciles" por delante y que la barrera del sufrimiento está lejos.

        Salimos hacia Valdebotoa por los caminos paralelos al río Gévora. Allí aparecen Juanjo y Rober que ha salido a buscarnos para apoyarnos durante unos kms. Mientras vamos hablando veo que pasamos la barrera de los 40 kms y vuelvo a comentar que me parece increíble que con tal distancia en las piernas vamos corriendo a menos de 5:00 y charlando como si nada hubiera pasado. 

           Pasamos Gévora y subimos por el arcén de la carretera de Cáceres hasta llegar a pistas asfaltadas que acompañan al canal que pasa por Valdebotoa. Ya no están Juanjo y Rober y las conversaciones son mucho más breves y con menos frecuencia. Estamos en un momento de supervivencia en el que el ritmo de crucero sigue estando por debajo de 5:00 pero ya no se corre fácil.  Decidimos que la tercera y última parada la haremos en el puente de los Ahogos, un kilómetro antes de Valdebotoa.

Último kilómetro del reto. Foto: Nando Vivas

     Cuando paramos llevamos ya 48 kms y 4 horas y 8 minutos desde que salimos. Termino la bebida isotónica que me había preparado en casa, pero gracias a que Angel llevaba una botella grande pensando en nosotros pude beber lo que realmente necesitaba. Después de tantos kms y haber comido bien anteriormente ahora me siento como con el estómago lleno, aún así decido comer un plátano que traía Ricci para afrontar el último tramo. Avisamos en casa de que en poco más de una hora estaremos de vuelta al Parque del Guadiana si no hay ningún contratiempo. Volveremos por otra pista asfaltada distinta a la que hemos llegado al punto actual.

     Empezamos de nuevo, dejamos Valdebotoa atrás y el camino gira la izquierda en claro regreso al punto en que debemos finalizar. Estamos en la parte más dura, ya no hay conversación que valga y el cansancio muscular es acusado. Nando nos llama para saber por donde íbamos y salir a nuestro encuentro. También quiere ser partícipe activo de la aventura. 

     En el km 54 sucede un punto de inflexión. Entramos en fase de sufrimiento y, como consecuencia, el ritmo se ralentiza. Ahora las únicas palabras son de ánimo, de que ya queda poco, que nuestras familias nos están esperando, es momento de llegar como sea. Tras algunas aclaraciones Nando consigue dar con nosotros y supone una gran dosis de ánimo. Llevamos más de 55 kms pero ahora cada km es como una losa que nos aplasta, aún así estamos convencidos de que vamos a llegar.

 

    Entramos de nuevo en Badajoz, buscamos los caminos que van junto al río y que nos conducirán hasta la entrada en el parque. Dicha entrada se produce tras 62 kms y 5 horas y 27 minutos después de salir, por lo que es evidente y justificada la emoción de ver a nuestras familias esperándonos. Y entre aplausos finaliza nuestra aventura-locura muy satisfechos de lo conseguido.

      Particularmente, de este reto saco unos datos que me harán meditar a la hora de replantearme la forma de entrenar. El dato más claro es cómo sin hacer muchos kms, con las tiradas largas y la bicicleta he conseguido un fondo y una fortaleza suficiente para completar este reto de forma muy digna. Además, cuando me planteo entrenos rápidos los hago sin problemas. Puede todo esto suponer un cambio a la hora de planificar mis entrenamientos y llevar a cabo aquello de "menos es más".     


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Cambiar el objetivo para seguir motivado

     Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que escribí en este blog. La falta de competiciones conlleva que tampoco haya crónicas y parece que no hay historias que contar, cuando la realidad no es así. Por fin me he decidido a retomar, y lo voy a hacer comentando cómo estoy entrenando actualmente.


     

      Cuando hablo con gente que está metida en esta nuestra locura del running me encuentro con gente que no pierde la motivación y otras personas a las que les falta. Yo no sabría posicionarme sobre si estoy en un lado o en otro, pero desde el principio tuve claro que no quería parar de entrenar, haciendo lo suficiente para mantener un estado de forma que me permitiera hacer cualquier tipo de entrenamiento. De esto hablo más extensamente en la entrada ¿Qué nos impulsa a entrenar en tiempos de cuarentena?

      Mi opinión es que sin carreras en el horizonte es innecesario entrenar duro y alcanzar un pico de forma, a no ser que lo hagas por propia diversión, pero esto supone exponerse más a una lesión a cambio de nada. Porque cuando entrenas duro para competir aceptas el riesgo que conlleva, pero ahora correr ese riesgo de lesionarse no tiene sentido.

       Yo soy una persona muy competitiva, principalmente conmigo mismo, así que sin mi principal fuente de motivación, que son las carreras, necesitaba encontrar una razón de ser a entrenar casi a diario, y cual mejor que el principal beneficio de realizar deporte: la salud, tanto física como mental.

        No se puede negar el bien que nos hace hacer deporte con frecuencia, tanto en lo que no se ve (la "maquinaria") como en lo que se ve, tanto en el aspecto físico y como mental. Y esto es algo que no quería dejar de lado bajo ningún concepto y que está siendo principalmente lo que me invita a echarme a la calle a entrenar

        Y todo esto que comento lo llevo al terreno de los entrenamientos de una forma muy simple: intentar salir a correr todos los días y entrenar a base de rodajes tranquilos al ritmo que quieran corren las piernas. Si algún día, sobre la marcha, se empieza a correr rápido de forma inconsciente se aprovecha para hacer unos kilómetros de calidad. Intento hacer una tirada larga todas las semanas y, de vez en cuando, hago un 10k a ritmo alto. Impepinable respetar al menos un día de descanso semanal. He cogido la buena costumbre de sustituir, al menos una vez a la semana, un rodaje por un día de bicicleta. 

         Esta forma tan simple de entrenar está siendo un descubrimiento y me pregunto cuánto efectivo será cuando lleguen las competiciones de verdad, porque me está asombrando el momento físico en el que me encuentro sin necesidad de meter ni un sólo día de series. Me reservo los detalles para contároslos en una próxima entrada.

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Terminamos los test de 5000. Cambio de tercio.

Aprovechando que salió el Circuito Virtual de Carreras Populares de la Vera me propuse tomármelo como algo en lo que sustentar una motivación para entrenar. Pero eran un 6000 y un 5000 metros cada fin de semana y me parecía mucha tela. Por eso opté por hace sólo el 5k, hacerlos a tope como test y a la vez aprovecharlos como un entreno de calidad.

 

Este viernes he realizado el último del circuito en la pista de la Granadilla ya que no tocaba la pista desde febrero y tenía ganas, y he conseguido el objetivo de que fuera el test más rápido de todos. Con esto he conseguido lo que iba buscando con estos 5k y es ver la progresión y la mejora a lo largo del tiempo. Los tiempos de todos son los que se reflejan en la fotografía anterior. 

Acabado el circuito de carreras virtuales de La Vera termino los test. A partir de ahora me mediré en distancias de 10k, dejando más tiempo entre uno y otro y enfocando los entrenamientos a esa distancia. Con esto no busco otra cosa que no sea motivación para salir a entrenar, como decía en una de mis últimas entradas ¿Qué nos impulsa a entrenar en tiempos de cuarentena?

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