¿Entrenar o salir a correr? La respuesta a la fuerza de voluntad.

     Los que practicamos atletismo tenemos un repertorio de frases que nos dicen nuestros allegados que suelen ser más que habituales, como una cantinela que sirve para romper el hielo o empezar una conversación. Nos encontramos desde el "¿ya has salido a correr?" a "¿cuántos kilómetros has hecho hoy?", sin dejar atrás a nuestra estrella... "correr es de cobardes".

       Pero hay otra frase que seguro que a todos nos han dicho alguna o varias veces y que puede hacer que se disparen nuestros niveles de ego: "Yo no tengo tu fuerza de voluntad a la hora de hacer deporte". Cuando me dicen esto yo suelo poner matices y explicar que es lo que realmente impulsa a salir a una persona a hacer deporte o no (aquí hablamos de correr) y es básicamente la motivación para hacerlo.




        Si empezamos a salir a correr con la única intención  de hacer algo de deporte empezaremos muy fuertes, saliendo frecuentemente, anteponiendolo a otros asuntos, pero pasado un tiempo, ya sea más o menos, nuestras buenas intenciones irán atenuándose y ya no será prioridad. Aquí  basta con que estemos unos días consecutivos sin salir para que pensemos que lo hemos perdido todo, nos desmotivemos y abandonemos nuestro buen hábito. Por supuesto habrá quien se mantenga y perdure pero son casos muy contados, quizás hay quien no conozca ningún caso.

        Al otro lado están o estamos los de "la fuerza de voluntad" que hablábamos al principio. Y los que nos diferencia del caso anterior es que competimos. A un nivel deportivo más alto o más bajo, el participar en competiciones nos mueve a mantenernos lo más en forma posible para rendir en condiciones estos días. Aquí ya no salimos a correr sino que hablamos de entrenar, es decir, prepararnos para dar lo mejor de nosotros en la carrera.

         ¿Cual es la verdadera fuerza de voluntad? Pues que si no sales entrenar con frecuencia son segundos o minutos perdidos en carrera, son malas sensaciones al competir, es quedarte atrás respecto del resto de atletas. Porque no nos engañemos, absolutamente a todos nos gusta correr lo más rápido posible y el participar por participar muchos lo dicen pero realmente pocos lo practican. Todos, al finalizar, al cruzar  la meta, miramos el cronómetro y comparamos con ocasiones anteriores.


            Así que si realmente quieres tener esa fuerza de voluntad nada mejor que perder el miedo a competir. Hacerlo no es más que medirse a uno mismo y no, como se cree desde fuera, quedar en evidencia frente a los que corren más rápido. En competición estamos tan concentrados en nuestro rendimiento que somos ajenos a cómo lo están haciendo los demás, salvo que estés muy adelante en carrera luchando por podium.

          Cuando compites quieres hacerlo cada vez mejor, terminar en el menor tiempo posible, llegar en las mejores condiciones y cuando esto ocurre somos felices el resto del día. Y para disfrutar de estos días felices no hay más camino que entrenar una y otra vez, ser constantes, anteponer el deporte a otros hobbis, vencer a la desgana y la pereza y así es como a lo largo de los meses y de los años seguimos haciendo deporte incansablemente y con la ilusión del primer día.

         Ya sabes en que consiste nuestra fuerza de voluntad. ¿Quieres tenerla tú también?

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