¡Todos a delinquir, que sale gratis!

    Anoche leo una noticia en el periódico que literalmente hace que me lleve las manos a la cabeza. Resulta que un par de individuos, porque personas no se pueden llamar, han tenido la feliz ocurrencia de cruzar un cable de nylon de una acera a otro del Puente de la Universidad, y un conductor se percata una vez siente un fuerte golpe en su coche. Suerte que no fue un motorista o un ciclista el primero en impactar con dicho cable.

     Pero ¡hay que ser cafre, sinvergüenza y perturbado mental para tener una idea semejante! Porque no creáis que han sido dos niños. Han sido dos sujetos de 18 y 21 años. Que uno se pregunta cuales son las motivaciones que les ha movido a realizar tal fechoría, porque vaya gracia que la cabeza de un motorista ruede por el asfalto, como podría haber pasado.

       Y es que, cositas de estas están dejando de ser casos aislados en muchos jóvenes de nuestra sociedad actual. Recientemente nos conmovía, indignaba, hacía que nos tiráramos de los pelos, cuando nos enterábamos y veíamos las imágenes de unas individuas, porque tampoco se pueden llamar personas, escupiendo a un anciano con demencia senil que estaba sentado tomando el aire sin poder defenderse. Estas encima lo graban en vídeo y lo suben a youtube .


   ¿Y esto por qué es tan frecuente? Todos sabemos de sucesos que ocurren a nuestro alrededor y que no salen a la luz pública como estos casos.  ¿La educación recibida en casa? probablemente,  ¿es producto de una des-estructuración social? posible, y así mil posibles razones, pero hay una por la que yo más me inclino y es que aquí nunca pasa nada.

    Se pueden hacer las peores malicias, infinitos delitos, atentar contra la dignidad humana que nunca serán ajusticiados estos sujetos como mandan o deben de mandar las leyes. Se ha creado una conciencia de que hagas lo que hagas, por malo que sea, no te va a suceder nada, como mucho pasarás una hora en el cuartelillo y punto, a la calle a seguir haciendo de las tuyas. Y así esto se está convirtiendo en una espiral en la que cada vez el listón de la fechoría está cada vez más alto.

    Un ejemplo claro, bueno, no claro, clarísimo. Unos canis de medio pelo entran en un cuartel militar (ojito... ¡¡un cuartel militar!!) roban innumerables fusiles y pistolas. Mira que es y suena que es una gravísima acción. Pues detienen a ocho o nueve, les juzgan y ¿cual es la sentencia?  Todos en libertad sin fianza, porque según el juez o la jueza, no hay peligro de que recuperen las armas que tiraron al río y además, que detallazo, las armas son reparables. Y ves al resto de canis aplaudiéndolos a la salida del juzgado como si fueran héroes, que la única reacción que tienes es morderte el nudillo de rabia. Parece que se rieran de nosotros.
                                          Libertad sin fianza para los seis implicados en el robo de armas de Bótoa


     Pero da igual, aquí todo vale. Te entran ganas de movilizarte y tomarte la justicia de tu mano y lo más suave que se te ocurre en todos los casos anteriores es meterle a un@ la cabeza en el water y tirar de la cadena. Pero ¡cuidado! ¡alto! ¡frena!  Debes recordar que tan inmunidad ante las leyes solamente la tienen la gentuza, los desintegrados sociales, los ladrones y delincuentes, los inmigrantes ilegales, el que tenga antecedentes. A tí y a mí, los que vivimos en una situación normalizada ante la sociedad, por menos, hacen que caiga sobre nosotros todo el peso de la ley. Claro, nosotros no podremos alegar que estábamos borrachos, drogados, que tuvimos una infancia difícil... en definitiva, no podremos darle penita al juez de turno.
    
     Realmente es para sentirse desprotegido y desamparado. Algún día esto reventará por algún lado... Dios nos pille confesados.